
La tierra no miente. En un mundo que se calienta y se aísla a partes iguales, volver las manos a la tierra puede ser, a la vez, el gesto más íntimo y más político.
Eso es lo que demuestra este libro a través de sesenta y cinco proyectos que prueban algo que muchos intuíamos: que la jardinería no es un hobby, sino una forma de reparar el mundo.
Por ARANTZA DE CASTRO Fotografía THAMES & HUDSON LTD
EL CAMBIO CLIMÁTICO HA PROVOCADO UNA DISMINUCIÓN DEL 73% EN LAS POBLACIONES DE VIDA SILVESTRE MONITOREADAS EN LOS ÚLTIMOS 50 AÑOS
Estamos en un momento límite. La crisis de biodiversidad ya no es una advertencia: es el presente.
El Acuerdo Global de Biodiversidad de 2022 fijaba una meta urgente: proteger el 30 % de la tierra y los mares antes de 2030.

Sin embargo, las reservas naturales no son suficientes.
La solución más poderosa, y también la más ignorada, lleva siglos bajo nuestros pies y ante nuestros ojos: los jardines.

LOS JARDINES YA NO SE VEN SOLO POR SU ESTÉTICA, SINO COMO ESTRATEGIAS PARA REVERTIR MALES GLOBALES

En su obra Gardens That Can Save the World, Lottie Delamain nos invita a redescubrir el poder de nuestra propia tierra. Los datos son sobrecogedores: en Estados Unidos, los jardines residenciales ocupan 2,3 millones de km², un área tres veces mayor que el estado de Texas. En Inglaterra, los jardines privados son cuatro veces más extensos que todas sus Reservas Naturales Nacionales juntas.

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Estos espacios no son solo parcelas de descanso; son los eslabones críticos de un mosaico global que puede contribuir a revertir el colapso climático.
UN SUELO RICO EN MATERIA ORGÁNICA NO SOLO RETIENE MÁS CARBONO, SINO QUE ES MÁS RESILIENTE
A pesar de su aparente verdor, la mayoría de los jardines contemporáneos son, en términos ecológicos, auténticos páramos inertes.
La obsesión por el césped de monocultivo, mantenido de forma casi quirúrgica con pesticidas y herbicidas, ha eliminado la vida para favorecer una estética basada en el control.



