
La británica Beth Levy—rabina y guía espiritual en la Universidad de Pensilvania—
reflexiona sobre el judaísmo contemporáneo, el liderazgo femenino y el papel de la religión
en una generación marcada por la incertidumbre.
Por CAROLINA GODAYOL
Por momentos, el despacho de la rabina Beth en el centro judío de la Universidad de Pensilvania se parece más a una sala de conversación que a una oficina académica. Estudiantes entran para pedir consejo espiritual, discutir un pasaje del Talmud o simplemente hablar de la vida. A veces también aparece un bebé: su hija pequeña, a la que la rabina lleva con frecuencia al campus.
«Hace poco di un sermón con mi hija en brazos», recuerda sonriendo. «Después varios estudiantes se acercaron para decirme que les había parecido maravilloso.»
Beth Levy —británica, formada en estudios judíos y durante años residente en Jerusalén— se ha convertido en una figura singular dentro de la vida religiosa del campus. Es rabina, madre y una de las pocas mujeres que ejercen liderazgo espiritual en contextos cercanos a la ortodoxia judía.
Su trabajo consiste en acompañar a estudiantes judíos de orígenes muy distintos: desde jóvenes profundamente religiosos hasta quienes nunca habían entrado en una sinagoga antes de llegar a la universidad.
«Intento encontrar la manera de hablar con todos ellos sin dejar de ser auténtica», explica. «Eso es lo más difícil y también lo más interesante.»
LAS MUCHAS FORMAS DE SER JUDÍO
Aunque la comunidad judía en España apenas supera las 45.000 personas, el judaísmo contemporáneo es extraordinariamente diverso.
Según Beth, esa diversidad tiene raíces históricas muy claras.
«Todos los judíos tuvieron que responder a una misma pregunta: ¿cómo queremos vivir nuestra identidad en el mundo moderno?», explica.
La emancipación de los judíos en Europa en los siglos XVIII y XIX abrió un debate que todavía continúa. Algunas comunidades optaron por la asimilación completa. Otras desarrollaron nuevas formas de práctica religiosa.
Una de ellas fue el movimiento Judío Reformista (Reform Judaism), que busca adaptar el judaísmo a la cultura occidental moderna, sugiriendo como modelo la asistencia semanal a la sinagoga.
Surgieron también corrientes más conservadoras como el judaísmo jasídico (Hasidic Judaism), cuyo propósito era hacer la espiritualidad judía más accesible a toda la comunidad y, centrada en la autoridad espiritual de un rabino o rebbe y la cercanía a Dios en la vida cotidiana, promueve la preservación estricta de costumbres y estilos de vida heredados del siglo XIX.
Entre ambos polos se sitúa el Judaísmo Ortodoxo Moderno (Modern Orthodox Judaism), que intenta conciliar la fidelidad a la ley religiosa con la participación plena en la vida moderna: estudiar en la universidad, trabajar en profesiones contemporáneas y participar activamente en la sociedad.
«Hoy existen muchísimas maneras de ser judío», afirma la rabina Beth. «Pero todas nacen de esa pregunta inicial que surge de la modernidad y la emancipación sobre cómo vivir la identidad judía en la modernidad.» de creatividad, algo que, en la era de la inteligencia artificial, nunca antes había sido tan importante.»
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¿QUÉ UNE A LOS JUDÍOS?
Esta diversidad plantea otra cuestión fundamental: qué es lo que realmente une a todos los judíos.
«No es simplemente la creencia en Dios, ni la práctica religiosa, tampoco es una cuestión étnica, ya que personas de otras creencias pueden convertirse al judaísmo», señala la rabina.
«Hay judíos muy seculares y judíos profundamente religiosos que se sienten parte del mismo pueblo.»
Para Beth Levy, esa unidad tiene que ver con una mezcla de historia, cultura y sentido de pertenencia colectivo.
«Hay una idea muy fuerte de peoplehood, de pueblo judío», explica. «Sentimos que pertenecemos a una misma historia.»
La convivencia entre corrientes diferentes, sin embargo, no siempre es fácil. En Europa, dice, las divisiones pueden ser más marcadas.
«En el Reino Unido, donde crecí, los judíos ortodoxos y los no ortodoxos apenas hablan entre sí. Creo que eso es una pena.»
En Estados Unidos, en cambio, las fronteras suelen ser más permeables. La diversidad forma parte de la vida comunitaria.
UNA VOCACIÓN NACIDA DEL ESTUDIO
La rabina Beth Levy no creció en un hogar estrictamente religioso.
«Asistí durante algunos años a un colegio judío, siempre celebrábamos la cena de Shabat», recuerda, en referencia al descanso semanal judío, Shabbat. «Pero no vivíamos según todas las leyes religiosas.»
El punto de inflexión llegó durante la adolescencia, cuando su padre murió de cáncer.
«Fue un momento que cambió mi vida», explica. «Me hizo buscar el sentido, más profundidad.»
Después de pasar un año en Israel, al entrar en la universidad descubrió el estudio del Talmud, el vasto corpus de debates legales, filosóficos y narrativos que constituye uno de los pilares del pensamiento judío.
«Recuerdo abrir el Talmud por primera vez y pensar: este es mi libro.»
Desde entonces dedicó más de una década al estudio intensivo de textos religiosos y la ley judía.
«Si entendemos que un judío ortodoxo es aquel que tiene una relación auténtica con las normas del judaísmo, entonces yo siento que eso es lo que soy. Pero no todo el mundo estaría de acuerdo conmigo.»
«Es un mundo increíblemente lógico, casi matemático, pero también profundamente humano.»
EL DESAFÍO DE SER MUJER RABINA
A pesar de sus años de estudio, Beth Levy reconoce que su camino no ha sido fácil.
Uno de los retos fue alcanzar la fluidez necesaria en los idiomas en los que están escritos la mayoría de los textos clásicos judíos.
«Quienes crecen en comunidades muy religiosas aprenden desde niños, ellos aprenden los textos hebreos con fluidez. Como todo está escrito en hebreo y arameo, para comprender verdaderamente los textos hay que leerlos en su idioma original», explica. «Yo tuve que ponerme al día; mis primeros años de dedicación absoluta a estos estudios sirvieron para adquirir esa fluidez.»
Otro desafío tiene que ver con su condición de mujer rabina.
«Creo que también tiene que ver con el hecho de ser mujer. Ahora sé mucho y tengo que demostrárselo a la gente. Tengo que esforzarme muchísimo más para mostrarles cuánto sé, y eso está bien. Entiendo el estereotipo de que las mujeres no saben mucho sobre textos judíos o la Torá, pero eso ha sido una constante.

Matthew, mi esposo, también es rabino, y él no tiene que hacer ni de cerca todo lo que yo tengo que hacer. Eso es un desafío tanto en la comunidad como en el ámbito académico.»
En muchas corrientes del judaísmo ortodoxo, el liderazgo religioso femenino sigue siendo objeto de debate.
«Todavía estamos en medio de ese proceso», afirma.
Algunas comunidades han empezado a abrir espacios para el liderazgo femenino: mujeres que enseñan textos sagrados, dan sermones o participan en la vida religiosa de una manera novedosa. Pero el cambio es gradual.
«Hay comunidades que están experimentando distintos modelos», explica. «La pregunta es si este movimiento seguirá creciendo o si será solo un momento pasajero.»
«Curiosamente, en Israel lo sentí menos. Creo que en Israel hay más mujeres con un alto nivel de conocimiento en la comunidad judía, pero fuera de Israel es difícil. Hay tantos estereotipos asociados a ser una mujer rabina contra los que tengo que estar demostrando mi valía constantemente.
Hay muchos rabinos aquí, en la universidad donde estoy, y soy la única mujer rabina. Y es un problema. Y además soy la más joven.»
Beth Levy se declara moderadamente optimista.
«Cada vez más mujeres estudian Talmud y participan activamente en la vida intelectual judía», señala.
JUVENTUD, RELIGIÓN Y ANSIEDAD CONTEMPORÁNEA
Trabajar con estudiantes universitarios le permite observar de cerca las inquietudes de una generación que crece en un contexto global incierto.
«Muchos jóvenes sienten ansiedad por el futuro», explica. «Les preocupa el mercado laboral, la inteligencia artificial y la inestabilidad política.»
En ese contexto, Beth cree que la religión puede ofrecer algo esencial: esperanza.
«No es algo exclusivo del judaísmo», aclara. «Pero la religión puede recordarnos que el futuro vale la pena.»
En su opinión, el pesimismo contemporáneo se ve amplificado por las redes sociales y el flujo constante de noticias. Por eso defiende el valor del Shabat, cuando los judíos observantes desconectan completamente de la tecnología durante 25 horas.
«Es una manera de demostrar que existe otra forma de vivir.»
FE Y CONVIVENCIA EN EL CAMPUS
La vida religiosa en la universidad también refleja las tensiones del mundo exterior.
En los últimos años, varias universidades estadounidenses —entre ellas Harvard University, Massachusetts Institute of Technology (MIT) y la propia University of Pennsylvania— han vivido momentos de fuerte polarización política.
En ese clima, explica Beth, muchas comunidades religiosas han tendido a refugiarse en espacios propios.
«A veces la gente solo quiere sentirse segura.
Creo que la comunidad judía se ha vuelto un poco hacia adentro. Ha empezado a confiar un poco menos en el mundo exterior. Y eso ha significado que los judíos estén pasando más tiempo yendo a las cenas de Shabat, viniendo a Hillel, que es el edificio en el que trabajo, y queriendo apoyarse unos a otros.
Por lo que tengo entendido, la comunidad musulmana está haciendo lo mismo. Tengo una buena relación con el capellán musulmán de la universidad y es significativo para la gente ver que tenemos esta gran relación, y que ambas comunidades buscan espacios seguros. Todos estamos un poco agotados de luchar, debatir, discutir y pensar.
Hay un grupo interreligioso en el campus al que apoyo, y es algo que me da esperanza: hay judíos, cristianos y musulmanes que se reúnen una vez al mes para compartir una comida juntos. Y se reúnen intencionada y periódicamente para hablar sobre sus diferencias, y eso es maravilloso.»
«Es algo que me da esperanza», dice.
OPTIMISMO COMO PRÁCTICA ESPIRITUAL
Para Beth, el papel más importante de la religión puede ser precisamente cultivar una mirada esperanzada sobre el mundo.
«Vivimos en una época de gran pesimismo», reflexiona. «Y ese pesimismo es contagioso. Pero el optimismo también lo es.»
En su opinión, una comunidad religiosa debería ofrecer un espacio para reconectar con la idea de que el futuro puede ser mejor.
«Cuando alguien va a una sinagoga y escucha solo mensajes negativos, algo falla», afirma. «La religión debería ayudarnos a creer que estamos construyendo algo bueno juntos.»



