
No se trata de utilizar la varita mágica de Harry Potter.
Se trata de activar un súper poder que nos pueda dar la facultad de simplificar nuestra existencia como seres humanos para superar las crisis de ansiedad, conquistar nuestros sueños y llevar una vida con más felicidad.
Parte de la ecuación está en la ligereza entendida como el arte de descargar mochilas internas y pesos psicológicos que nos dificultan el camino. Cuando nos quitamos cargas de encima, adquirimos ligereza.
La ligereza no solamente es un concepto filosófico que explora la dualidad entre levedad y pesadez, donde el magnífico escritor Milán Kundera profundiza en su obra La insoportable levedad del ser.
Ligereza es una contradicción que, desde el punto de vista de la total ausencia de peso, puede hacer que la vida carezca de sentido o que seamos demasiado superficiales.
Mi propuesta, haciendo un guiño a Kundera en el título de mi artículo, es plantear: ¿cómo me voy a relacionar con la levedad sin ser superficial?
El budismo, que habla de aligerar nuestro karma, nos invita a la reflexión desde la meditación para hacer “ligero lo profundo y profundo lo superficial”, aparentemente una contradicción, pero que yo entiendo como una invitación a la trascendencia.
Trascender nuestra existencia para llegar a la esencia. Y sin duda, para ello hay una trayectoria donde quitarnos peso se hace indispensable.
Hoy más que nunca, que vivimos imbuidos de torrentes de información y de toneladas de mensajes abrumadores que nos llevan a poderosas pérdidas de foco debido a la saturación mental, adquirir la capacidad de hacer download de un programa funcional que filtre lo que realmente es valioso para nuestra vida, discerniendo lo que aporta y desechando lo que no nos enriquece, se hace indispensable. Revelar lo profundo es una manera de vivir con ligereza.
Tiene un efecto potente para cultivar el brillo de nuestra vida y darle un sentido extraordinario a lo que estamos viviendo, para así codificar esta información como botón dentro de nuestra tecnología interior.
Mi experiencia en el trabajo con personas y en la orientación estratégica hacia el alcance soñador me ha hecho verificar cada vez más que actuar desde la consciencia elevada y la arquitectura emocional ayuda enormemente a vivir con más ligereza sin ser superficial.
Descargar un equipaje haciendo un check out mental y emocional.
¿Cuántas veces nos hemos percibido con pesadez y hemos sentido que no podemos más?
La ansiedad como protagonista de momentos difíciles, la insatisfacción, la desconfianza hacia nosotros mismos, la sensación de que nada vale la pena, y la sequía mental de creer que no somos merecedores de todo lo bueno que nos pueda pasar.
El sentido de ligereza está asociado a vivir una vida más libre y en plenitud. Como decía Ítalo Calvino, el escritor de El barón rampante:
“Es necesario no llevar piedras en el corazón”.
Y por supuesto, sin acudir a la superficialidad ni a la frivolidad como remedio, sino todo lo contrario: un sentido de exploración e investigación con uno mismo para descartar lo inservible y manifestar el diamante interno, puliéndolo en ese camino de descubrimiento personal.
Vivir con ligereza se hace indispensable si realmente queremos vivir con una energía que, desde mi punto de vista, es imprescindible para la felicidad.
Como dice Nikola Tesla:
“Si quieres conocer los secretos del universo, empieza a pensar en términos de energía, vibración y frecuencia”.
Tener un estado vital alto nos ayuda a transformar y cultivar una energía valiosa para crear y vivir con nosotros mismos con calidad, aportando a nuestro entorno esa sensación que hace de nuestra compañía algo maravilloso.
Los que quieren estar con nosotros saben lo importantes que son los momentos de disfrute y la sensación de estar con personas que aportan y vibran alto.
Porque para volar alto, lo ligero nos ayuda y lo pesado nos hunde. En cuestión de volar, es indispensable, y en referencia a vibrar, se hace también inevitable.
Activar la ligereza es saber aprender a sonreír con pureza y con nosotros mismos, dando el justo peso a lo que estamos viviendo, sobre todo cuando debemos afrontar una dificultad.
Saber tomar esa distancia ecológica, extraer lo positivo de la adversidad, agradecer el presente como oportunidad de crecimiento y aprendizaje, donde la experiencia de nuestro Ser se vuelve más armónica, más interesante, más atractiva y más emocionante.
La ligereza como arte de vivir más feliz.
Pues de eso se trata en esencia: de disfrutar de la vida.
Y en temas de felicidad, seguimos en pañales. La levedad del ser es un ingrediente imprescindible en la receta del arte de vivir.
¿Y cómo cocinamos todo esto? ¿Qué nos impide vivir sin ligereza?
El sentimiento de culpa pesa, el juicio hacia los demás y hacia nosotros mismos también, los miedos pesan, los años que pasan pesan, la soledad a veces pesa, y hacernos cargo de las emociones de los demás no solamente nos pesa, nos devasta.
Soportar lo que no queremos aguantar es un tormento psicológico y nos enferma. La cofradía del lamento genera pesadez en el ambiente y llena la atmósfera de toxicidad donde respirar se hace insoportable. La queja te aleja.
La manía de querer controlarlo todo pesa quintales. Vivir en los excesos para rellenar huecos existenciales es insoportable.
El desconocimiento profundo de lo que somos y, más importante aún, de lo que podemos llegar a ser.
Los miedos irracionales a lo que nunca va a suceder son tremendos. No saber relativizar ni dar nuevas perspectivas a nuestra vida es aburridísimo. Rodearnos de gente tóxica es perjudicial para nuestra salud y pesadísimo.
Vamos a elevarnos y aligerar peso.
La ligereza es como el colágeno de la juventud, el liposoma espiritual.
Ser más ligeros impacta en nuestra mente y en nuestro cuerpo. Somos más jóvenes neuronalmente y nuestro cuerpo, aunque con arrugas, resplandece.
Tips finales de ligereza:
• Saber vivir en el presente con una mirada conmovedora hacia el futuro.
• La simplicidad antes que el arte de complicarse la existencia.
• La espiritualidad antes que el materialismo.
• La valentía antes que el miedo.
• La humildad antes que la prepotencia.
• La sonrisa antes que la severidad.
• El merecimiento antes que la soberbia.
• La fortuna antes que la calamidad.
Los juicios mentales atraen críticas de los demás hacia nosotros.
¡Qué incómodo es vivir en un ambiente donde cada cosa que haces es motivo de crítica, donde nada se agradece y donde la mirada es siempre negativa!
Si empezamos a vivir con mayor positividad sin caer en la superficialidad, buscando siempre el propósito pedagógico de lo que sucede, donde el fracaso no es una opción ni siquiera existe —porque lo vamos a acoplar y elevar a un gran aprendizaje con el poder de la transformación, donde la adversidad puede mutarse en un beneficio—, todo esto produce levedad.
Vivir en la “responsaHabilidad” es lo opuesto a estar atrapado por la culpa. La culpa te hace débil; es el cebo para los tiburones con ansia de manipulación. La culpa te empequeñece y te esclaviza; es una entrega total de tu poder.
Este ingrediente, además de ser un cianuro mental, es muy pesado, pues te arrastra a las mazmorras de tu subconsciente donde las mordazas de tus pensamientos impiden la libertad de expresión y eclipsan tu poder.
Por lo tanto, vivir en la ligereza es apreciar la vida con felicidad. Dejar ir lo que ya no sirve, lo rancio y lo pasado, porque no aporta valor. Intenta captar la esencia de lo que sucede, no tardes demasiado en tomar decisiones.
No alimentes la duda constantemente. Rodéate de gente inspiradora, valiente y apasionada. Observa y contempla. Mira también tu futuro en alto.
Camina sonriendo, ríete de ti misma, cultiva la generosidad, promete solo lo que seas capaz de cumplir. Cuéntate bien la película con un guion excelente que te lleve siempre a la felicidad.
Y como seres humanos, podemos aprender a vivir también en la soportable levedad, entendida como “soporte-levedad del Ser”, donde dejamos el “Yo” para ser extraordinarios.•



