
Durante millones de años, diversos organismos han desarrollado estructuras
altamente eficientes a través de la evolución. Inspirado por estos diseños naturales, el ingeniero argentino Pablo Zavattieri trabaja en los laboratorios de la Universidad
de Purdue, en Indiana, junto a otros especialistas en crear materiales livianos y resistentes basados en estas adaptaciones biológicas.
Por FEDERICO KUKSO / SINC
¿Qué le llamó la atención de los mosquitos y qué tienen para enseñarnos?
En los insectos, los sistemas auditivos han evolucionado de forma independiente en todo su cuerpo para hacer frente a las limitaciones físicas impuestas por su pequeño tamaño.
A diferencia de los organismos equipados con orejas con tímpanos, los mosquitos escuchan usando sus antenas, estructuras sensoriales ligeras capaces de detectar el sonido. Lo que me llamó la atención es que, al volar, hacen mucho ruido con las alas, como un helicóptero.
Y, aun así, estos insectos logran distinguir sonidos específicos en un bosque donde hay mucho ruido ambiental. Pueden, por ejemplo, escuchar el croar de las ranas y localizarlas para picarlas y alimentarse de su sangre, o encontrar a las hembras de su especie para aparearse.
¿Por qué dice que la naturaleza tiene mucho que enseñarnos?
Porque es una fuente infinita de inspiración. Lo que distingue a la naturaleza es su dominio en la utilización de materiales locales que se encuentran en el entorno, combinándolos ingeniosamente para sintetizar una amplia gama de estructuras complejas.
En ciencia, básicamente trabajamos con hipótesis: las probamos, las contrastamos. Lo que podemos hacer desde el punto de vista ingenieril es tomar prestada una idea de la naturaleza y aplicarla para mejorar un material. No es una copia exacta; por eso se llama “bioinspiración”.
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¿Fue lo que sucedió con el escarabajo acorazado diabólico (Phloeodes diabolicus)?
Así es. Se trata de un insecto casi indestructible de unos dos centímetros de largo. Por ejemplo, puede sobrevivir al ser aplastado por el neumático de un automóvil. Al carecer de la capacidad de huir de los depredadores, este insecto de los desiertos del suroeste de América del Norte desarrolló, a lo largo de 350 millones de años, una armadura: un exoesqueleto rico en proteínas, extremadamente resistente al impacto y al aplastamiento. Puede soportar fuerzas de hasta 39.000 veces su propio peso corporal.
¿Cree que para construir estaciones y colonias en la Luna o Marte también se necesitará inspirarse en la naturaleza?
Absolutamente. Nuestro equipo fue uno de los seleccionados por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA) para un nuevo programa llamado Trenton, que busca facilitar la impresión tridimensional de hormigón bajo el agua. Propusimos conceptos de bioinspiración para aumentar la resistencia del material que se imprime en esas condiciones. En la gravedad reducida de la Luna o Marte, los materiales se comportan de forma diferente a como lo hacen en la Tierra. Podemos aprender de la naturaleza para crear materiales impresos en 3D más robustos para edificios y otras estructuras. La naturaleza tiene mucho para enseñarnos y recién estamos rascando la superficie. Debemos estar siempre atentos a las soluciones que han desarrollado, a lo largo de millones de años, mosquitos, escarabajos, crustáceos y miles de otros organismos. Nunca se sabe si la respuesta a un problema está justo delante de nosotros.



