
Escribo estas líneas cuando parece que las políticas anti-diversidad son tendencia. No pienso subirme a esta tendencia y me pregunto si vamos a permitir, como sociedad, que los avances en los derechos de las mujeres retrocedan. Hemos tardado siglos en conquistarlos, y los derechos de la mujer han estado ligados a nuestro avance en derechos fundamentales como la igualdad racial, el derecho al sufragio universal, la salud, la educación y la protección del medio ambiente. Mujeres como Rosa Parks, Donella Meadows o Clara Campoamor son algunas de las mujeres a las que admiro profundamente, no solo como mujeres, sino por los avances que han logrado y los caminos que nos han abierto hacia una sociedad mejor.
Es preocupante que se esté intentando erosionar libertades que tardaron generaciones en conquistarse. A día de hoy, en 178 países existen leyes que limitan la autonomía financiera de las mujeres, lo que afecta directamente al bienestar de sus comunidades, dado que ellas reinvierten más del 90 por ciento de sus ingresos en sus familias y entornos. Además, son 150 los países que mantienen legislaciones que restringen sus derechos. La plena igualdad de género solo existe en 14 países. En 2024, uno de cada cuatro países ha reportado un retroceso en estos derechos. Estos no son datos sin más: es una alarma global.
Según Naciones Unidas, 2.400 millones de mujeres en el mundo siguen sin tener las mismas oportunidades económicas que los hombres. Barreras como restricciones en derechos de propiedad, acceso al crédito y representación en la toma de decisiones frenan no solo su desarrollo individual, sino también el crecimiento económico global.
El Índice Global de Brecha de Género 2024 del Foro Económico Mundial (WEF) revela que se ha cerrado el 68,5 por ciento de la brecha de género a nivel global, pero al ritmo actual, se necesitarán 134 años para alcanzar la paridad total. En América Latina y el Caribe, la brecha se ha reducido en un 74,2 por ciento, con un estimado de 53 años para lograr la igualdad. Sin embargo, la representación femenina en liderazgo sigue siendo insuficiente.
La diversidad de género tiene un impacto económico positivo. Las empresas con al menos un 30 por ciento de mujeres en liderazgo tienen un 25 por ciento más de probabilidad de superar a sus competidores en rendimiento financiero. Además, los equipos diversos generan un 19 por ciento más de ingresos por innovación. Sin embargo, el acceso a la financiación sigue siendo una barrera: en España, solo el 17,82 por ciento del capital riesgo en 2023 se destinó a startups con mujeres fundadoras, y en Europa, menos del uno por ciento de la inversión se dirigió a startups exclusivamente femeninas.
La igualdad no es un privilegio ni una concesión, es un derecho inalienable. Y sin embargo, en pleno siglo XXI, en una era con avances impresionantes como la inteligencia artificial, estamos viendo cómo los derechos de las mujeres se desvanecen ante nuestros ojos.
Cuando las mujeres pierden derechos, las sociedades enteras se debilitan. No es solo una cuestión de justicia o de principios fundamentales, sino de progreso, de estabilidad, de futuro. No podemos permitir que el mundo avance en todos los ámbitos excepto en el respeto a la dignidad de la mitad de su población.
Las mujeres somos el 50 por ciento del talento, y sin todo el talento no podemos construir una sociedad mejor para todos. Hagamos historia por las razones correctas. No permitamos que el siglo XXI sea recordado como la época en la que las mujeres fueron obligadas a retroceder. Que sea, en cambio, el momento en que reafirmamos con determinación: los derechos de las mujeres son derechos humanos. No queremos dar pasos atrás. •



