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Reflexiones desde mi estado de incubación en temporada de confinamento

Reflexiones desde mi estado de incubación en temporada de confinamento

En medio de una tormenta, aquello que flota es lo que se salva, aquello que se hunde es lo que se muere. Vamos a salvar de verdad todo lo que aporta valor en nuestra vida para que nazca lo que tiene que nacer y muera lo inservible que tiene que morir. Para una nueva era que tenemos que vivir. Sin duda nos ha llegado el aprendizaje global a todo el planeta. Estamos refugiados, confinados, castigados al aislamiento en estado de alarma.

Decido vivir mis momentos de confinamiento como momentos de incubación soñadora y, desde mi cepa altamente soñadora, me salta la rabia cuando pienso y siento que todos miran la causa superficial y científica de un virus que, en realidad, es una enfermedad. Su corona está para regentar el salto de paradigma al que la vibración cuántica de la tierra nos empuja, sin más dilación. Nada volverá a ser lo mismo.

Una pandemia mundial del sistema es una manifestación global de la enfermedad de la sociedad. Una enfermedad que explica que la energía y la pureza del alma es nuestro pasaporte de supervivencia y de una nueva convivencia en la era cuántica. Lo creamos o no, esto es lo que se manifiesta en el tránsito hacia el nuevo paradigma de nuestra existencia en conexión más natural con el entorno y nuestro ser que desea respirar, aprisionado a un mundo caduco que acaba de explotar. Un sistema que se reduce al materialismo, al consumismo desenfrenado y a vivir faltando al respeto a un planeta que no puede ser un vertedero de residuos desmedidos y que se ha convertido en el reflejo de una sociedad irresponsable y desconsiderada con la naturaleza, fuente de vida y riqueza.

El universo nos manda un mensaje cristalino que, al no captarlo, nos desacelera y nos pone en pausa. Siempre hemos sabido que el ser humano aprende de los errores y de los batacazos y, ahora, va a aprender de una pandemia. Renace una nueva era, incluso una nueva especie. Una nueva consciencia.

La era de la consciencia es global. Se necesita conectar con lo más puro y esencial del alma. Si no trabajamos desde ahí nos enfermaremos de nuevo. La inmunidad radica en este acto de elevación consciente donde la verdad aparece desde la escucha abierta con el corazón puesto en un lugar preferente. Sin melindres y con mucha elevación.

Es como el castigo divino: os quito los abrazos, los besos, las muestras de amor físicas y os llevo a un lugar de máxima reflexión para que os pongáis a la altura de esta nueva era, lo que requiere un salto cuántico en un formato expandido en macro, a toda la humanidad.

Y qué enfermedad. Donde se corona el cambio de un nuevo paradigma, donde necesitamos respirar pureza una vez más y no seguir contaminados por la absurdez de la banalidad del sistema, siempre más preocupado por el miedo que infunde que por la capacitación de convivir con lo inevitable.

De esta vamos a aprender y no nos vamos a ahogar, como parece que este virus se acciona orgánicamente asfixiando los cuerpos que dejan de respirar, destrozando la vida y violando lo más esencial: la respiración.

Por ello os invito a la incubación de lo más sagrado, la manifestación del ser en estado puro cuando conecta y sueña. Los valores que genera cuando se pone al servicio de una misión, cuando sus sueños adquieren un profundo sentido y su vida se transforma en algo tan grande como la vida en sí, en su pura esencia, en su eje de vibración. En definitiva, en la espiritualidad que alimenta un sueño de verdad. •

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