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La importancia de llamarse GRETA THUNBERG

La importancia de llamarse GRETA THUNBERG

¿Cómo una adolescente sueca, con síndrome de Asperger ha sido capaz de poner en evidencia a políticos y dirigentes mundiales? Con océanos de esfuerzo y olas de encabritada voluntad. Ella es el coraje de la conciencia sostenible.

Por MARÍA GONZÁLEZ Fotografía LUIS MALIBRÁN

Conocí a Greta en Madrid en la COP25 cuan- do compartía sueños y un destino común con mis amigos y compañeros de la Comunidad B-Corp. Fueron momentos inolvidables por- que las mejores empresas para el mundo nos uníamos en un espacio inesperado (era Santiago de Chile y no Madrid, la ciudad donde se tenía que haber celebrado la COP25), que se convertiría en una oportunidad para unir deseos y realidades y avanzar hacia ese mundo imaginado por el que juntos estábamos luchando: un mundo más justo, igualitario, inclusivo, libre, solidario, empático y ecológico. En ese ambiente festivo y memorable destacaba una jovencita sueca, que entraba y salía de los estands seguida por una cohorte de simpatizantes, guardaespaldas y fans. Días atrás había desembarcado en Portugal después de haber cruzado el Atlántico en catamarán y hacía escasas horas que un tren procedente de Oporto la había depositado en Madrid. Ha pasado un año y parece una eternidad y esta sensación me trae a la cabeza aquella frase de Lenin que nos recuerda que ‘hay décadas en las que no pasa nada y hay semanas en las que pasan décadas’.

Muchos hemos sobrevivido al Covid19, otros no han tenido tanta suerte y una cantidad enorme de familias en todo el mundo no han podido despedirse de sus seres queridos. El mundo ha cambiado. También para Greta Thunberg, que pasó de ser protagonista absoluta en su lucha contra el cambio climático para cederle el trono y todo el protagonismo al dichoso virus. Un fantasma que nos persigue y que cada día viste una sábana distinta confundiendo a la prestigiosa comunidad científica, a políticos y a gente de bien que no sabe cómo librar esta batalla contra la incertidumbre, el miedo, la mala gestión y la crisis económica que asoma su pata de elefante por la puerta y que promete desbaratarlo todo.

Sin embargo, siempre nos queda la esperanza, y como no se puede vivir sin confiar en los demás, esta semana nos llega la noticia de que la vacuna contra este monstruo diminuto y pretencioso que es el virus, ha llegado, y que este será solo el comienzo de un futuro distinto, atado a fuertes compromisos sociales y medioambientales.

Mientras la nueva realidad vivía a sus anchas y se colaba hasta el dormitorio, Greta decidía echarse a un lado y dar paso a los otros protagonistas de la historia pasando todos estos meses tranquila, siguiendo todas las medidas sanitarias recomendadas y abriendo un paréntesis en sus ‘viernes por el futuro’. Pero la inquietud no ha desaparecido y promete seguir adelante con lo que es su misión en la vida: ‘Si podemos salvar bancos, entonces podemos salvar el mundo’ y ahora podríamos añadir, si podemos salvar hoteles y líneas aéreas, entonces podemos salvar el mundo, y salvarnos a nosotros también.

Greta es una adolescente introvertida que ha sabido romper con el estereotipo del líder charlatán, ese de palabras grandilocuentes y de hechos misérrimos y lo ha hecho con la sencillez de espíritu que siempre aporta el coraje.

Nos vemos por segunda vez en la Casa Encendida, un buen lugar de encuentro para una activista que defiende que el mundo está ardiendo, unas horas antes de que diera su discurso en la marcha por el clima en Madrid a la que asistieron más de 500 000 personas. Muchas de ellas lloraron.

Greta siempre ha sido muy crítica con los políticos y con las instituciones y cuando hablamos sobre los posibles avances, me corta: ‘Habrá negociaciones, como siempre, de las que nadie sabrá realmente de qué van y una vez acabadas las reuniones, los políticos voverán a salir muy contentos y harán esas declaraciones vacías que no valdrán para nada’.

¿No espera nada de los políticos? Espero que los políticos se hagan cargo de la emergencia climática y que así la comuniquen. Solo de esta forma el resto podremos entender la urgencia de la situación que estamos viviendo.

¿Está segura de que no entienden la urgencia? Cuando me entrevisto con líderes mundiales, me doy cuenta de que no son conscientes de lo está sucediendo. Es como si solo perdieran el tiempo o dedicaran su tiempo al sector empresarial porque les aseguran que ellos van a nada más alejado de la realidad.

Los empresarios algo tendrán que aportar y que decir a la emergencia climática, ¿no cree? Por supuesto hay que escuchar a todo el mundo, pero es un asunto científico, primero tienes que escuchar a la ciencia, a los científicos y luego a todos los demás… Y esto no está sucediendo. Nosotros queremos hechos. Y la ciencia es quien tiene que dar- los. Las personas que más gritan, son las que están siendo escuchadas. Y por supuesto, la gente con dinero es a la que se está escuchando más…

¿Usted qué propone? ¿Cómo quiere que se produzca el cambio? La esperanza no me sirve, en este caso miente por el hecho de que la gente no tiene ni idea de lo que está pasando y si no se sabe qué está sucediendo la esperanza no existe. No puedes tener esperanza sobre algo que no sabes que está pasando. Solo si despertamos, el cambio aflora. La democracia lo es todo. Y no solo cuando vamos a votar, también después, cuando hay que exigir a los políticos elegidos que cumplan sus promesas. Los cambios que se necesitan hacer no vienen de los gobiernos o de los parlamentos actuales. Vienen cuando la gente ya ha tenido suficiente y decide actuar.

¿Es optimista? Si todos los habitantes de Suecia dijeran ‘¡Ya hemos tenido suficiente!’ y empezaran a protestar, a salir a la calle, entonces el gobierno no tendría nada que hacer y caería muy fácilmente. Estaría obligado a aceptar la voluntad del pueblo y a cambiar sus políticas. Eso es así.

¿Y esto solo podría aplicarse en Suecia? No, por supuesto que no.

¿Cómo funcionaría en China, por ejemplo? Para empezar China no es una democracia. Por eso es tan difícil influir en China. Pero lo que sí podemos hacer es influir en nuestras propias sociedades, porque entonces China tendría que seguirnos. China depende económicamente del resto del mundo…

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Greta se ve como parte de un movimiento enorme y aunque siempre es el centro de atención, es generosa y comparte los momentos de gloria con otros líderes adolescentes de países que, como ella, libran esta batalla por el planeta hacia un futuro libre de combustibles fósiles.

Liderar es compartir no solo ideas, también espacios, y la adolescente sueca lo sabe hacer muy bien, al menos, eso es lo que corroboran la ugandesa Vanessa Nakate o los españoles Alejandro Martínez y Shari Crespi de ‘Friday for future’ en nuestro país cuando le preguntamos por cómo es ella. Saben que juntos pueden empujar un cambio que es importante y necesario. Un cambio hacia un mundo nuevo que se ha visto acelerado por la llegada del Covid. Ahora las empresas ya no solo tienen ojos para la cuenta de resultados, sino que esta comparte pódium con la búsqueda del propósito, esa palabreja de segundo orden que los jóvenes de todo el mundo han sabido poner encima de la mesa de los consejos de administración. Sin pro- pósito no hay futuro empresarial que valga. Así veía y sigue viendo Greta el futuro del planeta porque una vez solucionada la crisis de la sindemia por el Covid, los problemas que teníamos, seguirán estando y mucho más agudizados:

‘Hay países como Uganda y Kenia que durante los últimos años han estado sufriendo inundaciones incontroladas. Ha habido gente que ha muerto y otra que se quedado sin hogar y muchos son los niños que se han quedado huérfanos… La gente se está muriendo como resultado de esta crisis medioambiental. Así que no es una cuestión de futuro, es una cuestión de ahora’.

Ahora no hay tiempo que perder. Por eso, a los ricos y poderosos de Davos que la alabaron por darles esperanza, ella respondió: ‘No quiero vuestra esperanza quiero que entren en pánico. Quiero que sientan el mie- do que yo siento todos los días. Quiero que actúen. Quiero que actúen como lo harían en una crisis. Quiero que actúen como si la casa estuviera en llamas, porque lo está’.

Y vuelve el coraje al corazón de Greta, coraje para soñar un mundo diferente, para abrazar ese destino común que nos espera ansioso y esperanzado. Un mundo nuevo. Para conseguirlo la receta es fácil ´caminar juntos, limar diferencias y construir un poder real, verdadero´, con el que empujar con fuerza este presente mediocre y catapultarlo hacia ese futuro brillante, resplandeciente, fulgurante que se merece este planeta y todos los que vi- ven en él. Ese futuro que nos espera si somos capaces de beber del coraje de esta adolescente sueca, esa pócima mágica que tanto necesitamos, que no tiene efectos secundarios y sí efectos extraordinarios.

Greta ¿cómo lleva Vd. ser el centro de atención? Para una persona reservada e introvertida como soy yo, me cuesta adaptarme. Si pudiera elegir, sería una chica normal, una adolescente normal e iría a la escuela como hacen todos los chicos de mi edad. Pero la situación que estamos viviendo no es normal y todos tenemos que hacer cosas que no nos resultan fáciles y forman parte de nuestra responsabilidad como individuos.

¿Si pudiera, lo dejaría? ¿Se arrepiente? No, lo que hago no es un sacrificio y lo hago porque así lo he decidido. Me considero una persona privilegiada. Sé que la atención sobre mi persona desaparecerá en cualquier momento y la gente se olvidará de quién soy. •

 

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