RETRATOS DE NUEVA YORK: NYC & THE POWER

Posted on octubre 17, 2017, 9:41 am

Los rascacielos son el símbolo más poderoso de Nueva York. Hablan de la jerarquización, del abismo entre arriba y abajo. El dinero se mueve por sus calles a un ritmo tan frenético como al que caminan los millones de inmigrantes. Son el cuerpo que encarna el espíritu de ese sueño tantas veces exaltado.

Por Marta Torres. Fotografía: Joaquín Crespo. Fotomontaje: Beñat Vázquez.

Captura de pantalla 2017-10-17 a las 11.34.25

La ciudad más poblada del país tiene más de 8,4 millones de habitantes, de los que el 36% es población extranjera (en Barcelona se calcula que ronda el 10%). Los mayores toques cosmopolitas los ponen la República Dominicana, China, Jamaica, México, Ecuador, Haití, Colombia y Rusia. Y es que Nueva York es la puerta para los inmigrantes. Es una de las ciudades santuario de Estados Unidos, en las que por ley o acuerdo tácito las autoridades protegen a las personas indocumentadas. La ciudad depende de ellos: llenan las cocinas, se encargan de la seguridad en los apartamentos y hoteles, hacen los repartos y conducen los taxis, entre otras cosas. Aquí, se escuchan más de 200 lenguas diferentes. Hay más irlandeses que en Dublín, más judíos que en Tel Aviv y más italianos que en Roma. La misma isla de Manhattan fue comprada en 1624 por los holandeses a los indios por 24 dólares. De estos europeos, viene el sentido aperturista y liberal de la ciudad. Lamentablemente, la inmigración también tiene que pagar un alto precio. Aquí mueren más personas por suicidio que por asesinato, pero el 95% de las víctimas de homicidio son hispanos o afroamericanos. Aún así, en 2005 se consiguió la mínima tasa de crimen de las 25 ciudades más pobladas del país. Muchos atribuyen el descenso al alto número de agentes. Sólo en Nueva York hay casi 40.000 policías (la Policía Nacional de España en febrero de 2010 alcanzó los 62.569 efectivos). Su departamento, que tiene un presupuesto general de casi 4.000 millones de dólares, es el más antiguo de Estados Unidos.

POTENCIA ECONÓMICA

Lo queramos o no, Nueva York es el ombligo del mundo. Ejerce influencia en el comercio internacional, los medios de comunicación, la cultura, el arte o la moda. Su peso en cifras es escalofriante. Su producto interior bruto es de 1.130 billones (sí con ‘b’) de dólares y, con el control del 40% de las finanzas del mundo, es el mayor centro financiero de la comunidad internacional. En lo que a cultura se refiere, en los 80 el barrio del Village fue escenario de los movimientos artísticos que después se llevaron al resto de Europa. Siguiendo el hilo cultural, en noviembre de 2006 Christie´s y Sotheby´s rompieron la banca cuando vendieron miles de millones de pinturas en las subastas de arte Moderno, Impresionista, Contemporáneo y Posguerra. El mercado inmobiliario, por su parte, es la mayor fuerza de la economía neoyorquina. El valor total de las propiedades es de 802.400 millones de dólares. En la plaza de Columbus, el Time Warner Center es la mejor valorada con 1.100 millones de dólares. La dirección más cara es el 450 de Park Avenue, donde el metro cuadrado cuesta más de 17.000 dólares. Pero Nueva York no sólo es el epicentro de las grandes fortunas, desgraciadamente, también lo fue de uno de los peores atentados contra la integridad de la humanidad. Allí se produjo el atentado contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, un suceso que conmocionó a la población mundial y cambió la forma de entender el mundo, la religión y la seguridad internacional (en 2011 se cumple el 10 aniversario). Y no sólo eso. También en Nueva York hace dos años tuvo lugar en Times Square el derrumbamiento del banco Lehman Brothers. Fue uno de los peores días de la mayor crisis financiera después de la Gran Depresión, con la que se han reescrito las reglas del capitalismo. El experto de la consultora financiera Satnadard and Poor´s, David Wyss, recuerda que ‘el significado de la caída de Lehman marcó el principio del pánico financiero. Los fracasos de Lehman y AIG (el gigante asegurador al que tuvo que rescatar el gobierno de EE.UU) en sólo dos días sembraron el terror en los mercados, donde no se sabía qué era seguro y qué no’, rememora Wyss. Pocas semanas después, los agentes de Bolsa de Wall Street vieron cómo se perdió un billón de dólares (de nuevo con ‘b’) en segundos en Nueva York cuando el Congreso no aprobó un plan de rescate de 700.000 millones de dólares que los neoyorquinos esperaban ansiosos. El mundo había cambiado. Y Washington intentó darle un escarmiento a Wall Street. Ello afectó también a otra de las grandes fortunas, las casas de subastas, que registraron mínimos históricos. Como efecto dominó, las galerías cerraron, así como algunos teatros. Nueva York se tambaleaba. De hecho, el presidente del departamento de arte impresionista de Sotheby´s, David Norman, aseguró antes de celebrarse las subastas de noviembre de 2008 que tenía miedo. Hoy dirige su mirada hacia el mercado asiático.

Captura de pantalla 2017-10-17 a las 11.34.41

EBULLICIÓN CULTURAL

Por ello es innegable que las instituciones culturales han tenido que cambiar su estrategia para ser rentables. El presidente de la prestigiosa escuela de música Juilliard Joseph W. Polisi que admite que desde hace años la función de los directores de los museos y centro culturales es la de recaudar fondos. Y es que, en Estados Unidos las institituciones culturales que apenas reciben subvenciones del gobierno dependen de las donaciones del público. La presidenta del Metropolitan Museum, Emily Rafferty, que ha sido una de las pioneras en la reinvención de los museos durante los últimos 20 años, y que se ha enfrentado desde la crisis a duras decisiones afirma que parte de su estrategia es acercar su institución a los jóvenes: ‘Estamos aquí para mantener vivas nuestras colecciones. Proponemos muestras de forma novedosa. Queremos que los jóvenes queden en el Met con sus amigos. Por eso, también cuidamos nuestros restaurantes, el jardín del tejado o las actividades de los sábados’. Como también lo hacen las millones de almas extranjeras que se acercan a disfrutar de la ciudad. Los neoyorquinos saben que en 2010 más de 40 millones de turistas han visitado la urbe en la que ellos cada día viven y trabajan, porque si algo se hace en esta ciudad es trabajar. El umbral de la pobreza está por debajo de los 20.000 dólares. Aquí, no hay jornada laboral. Lo importante es producir todo lo que se pueda. El salario mínimo por hora es de 7,25 dólares, aunque los impuestos se suelen llevan un 30% de los ingresos de los neoyorquinos.

UN GRAN ALCALDE

¿Cómo alguien se entera en toda esta vorágine? Es muy fácil. La ciudad tiene un alcalde, Michael Bloomberg, multimillonario que cobra un dólar al año de salario y dirige la ciudad como si fuese una multinacional al uso. Lo hace por diversión y prestigio, ya que su trabajo es el segundo más importante del país después del de presidente de Estados Unidos. Bloomberg destaca que ‘soy lo que soy y soy un hombre con suerte’. Y no oculta su parecer, aunque pueda generar controversia. Respecto a la situación de los indocumentados, por ejemplo, lo tiene claro: ‘Sí, han roto la ley, pero no podemos deportarles. Vamos a dejar de apuntarles con el dedo y hacer algo independientemente de que tengan que pagar una multa, aprender inglés e historia. Hay que darles visados porque necesitamos sus habilidades’. Es un hombre muy práctico. Ha sido demócrata, republicano y ahora, independiente. Sabe lo que quiere y va a por ello. Quizá él pueda explicar el éxito de los perritos calientes, otro símbolo de Manhattan que cuenta con 3.000 puestos donde poder comprarlos. Y no de perros, sino de humanos son las 1.600 mordeduras que contabiliza cada año la ciudad. ¿Qué les voy a decir? Esto es Nueva York.

Leave a Reply

  • (not be published)