Perros tamaño XL

Posted on julio 13, 2016, 1:58 pm

Nadie sabe con exactitud cuán­tas razas de perros hay en el mundo, pero la cifra de 600 pa­rece bastante acertada. los hay para todos los gustos: mimo­sos, valientes, huidizos, sober­bios, grandes y pequeños. los gigantes pesan más de 5o kil0s y algo más manejables, pero capaces de arrastrar una bici­cleta, están las razas grandes, que pesan entre 30 y 50 kilos y necesitan aprender una jerar­quización porque si no…

Por Miguel Gayá. Fotografía: Álex Río

Vamos a empezar con una idea que tal vez resulte provocativa: si queremos tener un perro feliz y equilbrado en casa, nosotros debemos hacernos un poco perros en lu­gar de humanizar al animal, que ya tendrá que hacer un gran esfuerzo de adaptación para vivir entre personas. Para todos los que, de forma novel o experimentada, están en la tarea de ayudar a perros con problemas, hay un principio que no pasa desapercibido: los perros son de una her­mosa simplicidad. La vida para ellos es algo sencillo y sus trastornos son, normal­mente, algo sobrevenido, lo que ocurre cuando nosotros se la complicamos al no darles lo que la naturaleza tiene prepara­do para ellos. Este principio rige para to­dos ellos, sea cual sea su tamaño. Así, la aceptación de una relación jerárquica y el barajar las distintas opciones en clave de inversión para su salud, son fundamenta­les para vivir y convivir en armonía.

Sensible y juguetona, Nola es un dogo alemán de un año de edad, lo que equivale a la adolescencia en un ser humano. Adora a los niños y es reservada con los desconocidos. En la foto con Melisa, la mitad de su familia (junto a Fernando).

Sensible y juguetona, Nola es un dogo alemán de un año de edad, lo que equivale a la adolescencia en un ser humano. Adora a los niños y es reservada con los desconocidos. En la foto con Melisa, la mitad de su familia (junto a Fernando).

Control mediante una jerarquización adecuada. En concreto, los perros gran­des suelen estar bien jerarquizados y eso repercute en que se sienten más segu­ros de sí mismos, cumplen mejor con el ‘patrón de perro’ y son más capaces de ‘ascender en la escala social de los gru­pos caninos’, por lo que son menos pro­pensos a la agresividad por miedo, aun­que siempre hay excepciones, como es el caso del gigantesco gran danés (como Scooby Doo). Quizá en esto influye que el propietario de un perro grande es más consciente de que tiene que controlarlo mediante una jerarquización adecuada, lo que indirectamente da tranquilidad al perro porque siente que con un buen lí­der, sereno pero firme, su comida y pro­tección están aseguradas.

Controlar a un perro mediante la fuerza física no suele ser recomendable, ni siquiera si se trata de un chihuahua enano de 800 gramos. Pero si se trata de un macho de tamaño XL o XXL, al tratar de pararlo tirando de la correa, lo más probable es acabar en la puerta de la casa de una hembra en celo, por ejemplo. Por otro lado, tener un perro grande exige una responsabilidad espe­cial sobre las posibles consecuencias en caso de mal comportamiento. Aunque el modo de tratar estos problemas es si­milar en perros pequeños o grandes, es innegable que la mordida del pinchet o del chiguagua no es igual que la de un mastín o un presa canario. Con su fuerza mandibular, los segundos pueden llegar a fracturar un hueso. Por supuesto que la inmensa mayoría de los perros no tienen ningún interés en semejante barbaridad, sean grandes o pequeños, pero si un XL muerde es más peligroso que si lo hace uno de dos kilos. Ejercer bien la domi­nación con los más grandes, por tanto, es imprescindible para conseguir que no sean peleones con otros perros con los que, debido a su talla y fuerza, podrían acabar.

Cinco años de un perro grande no son cinco años de uno pequeño. Los pe­rros, cuanto más grandes son, con más lentitud maduran y más rápido enveje­cen. O lo que es igual: cuanto más pe­queños son, más rápido maduran y con más lentitud envejecen. Generalizando, ya que existen tablas particulares para cada raza, si comparamos sus años con la edad humana, un perrito pequeño, de menos de diez kilos, a los tres meses ya es como un muchachito de nueve años, mientras que uno de 50 kilos sería equi­parable a un niño de cinco años. La media de vida de los perros muy grandes está en torno a los ocho años frente a los 14 del perro de tamaño normal, ya que son más propensos a enfermedades como la torsión intestinal, problemas cardíacos, alergias, displasia, etcétera.

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Con 68 centímetros de altura y 37 kilos de peso, Mini es la reina de las salchichas. Las dimensiones de esta gran boyero suizo no parecen imponer demasiado respeto a Marina, la hija de los dueños: juntas son capaces de tirarse al suelo y estar horas jugando.

Entre los dos y los tres años (según la raza) se habrían igualado en cuanto a edad humana se re­fiere y, a partir de ese momento, el perro grande empieza a envejecer rápidamen­te mientras que el pequeño verá como el otro le adelanta e incluso podrá llegar a vivir hasta los 20 años. Esta idea también vale para los mestizos; en ellos, incluso, es más fácil comprobarlo puesto que el mestizaje les protege de enfermedades y es más habitual que fallezcan de muerte natural, por su edad.

Mejor perros que no sobrepasen los 50 kilos. Las razas de perros son fruto de la manipulación humana para lograr algún fin. Por ejemplo, el gran danés, una raza cuyos orígenes se sitúan en la Edad Me­dia, era muy apreciado por reyes y nobles por su porte y porque era empleado en cacerías de jabalíes, lobos y hasta osos. Diversos estudios aseguran que los lobos oteaban los rebaños y se daban la vuel­ta al observar la presencia de dos o tres ejemplares de tan colosal tamaño. Pero no son éstas las únicas razones que lleva­ron al hombre a jugar con la genética para conseguir perros grandes. Los boyeros o bouviers, tanto suizos como de Berna o Appenzell, fueron en su origen perros de tracción, especialmente de carros. No ol­videmos que en condiciones meteorológi­cas adversas, el mulo, el burro o el caba­llo han fracasado a lo largo de la historia, basta recordar las expediciones en climas polares.

La etóloga -experta en comportamiento de perros- Patricia B. McConnel piensa que, fuera de estas utilidades, muchas pasadas de moda, no se deberían criar perros de más de 50 kilos tan alejados de lo que verdaderamente son en esen­cia: lobos. Lo mismo piensa de los perros a los que les hemos ‘quitado’ el hocico, creándoles problemas respiratorios y con­denándoles a una vida corta y fatigada.

Heidi, que si está en la calle y tiene sed, es capaz de beber de una botella-. Es una schnauzer gigante (hay tres tallas) que, a pesar de sus 12 años y 35 kg, es capaz de subirse cada noche a la cama de Carol, su dueña

Heidi, que si está en la calle y tiene sed, es capaz de beber de una botella-. Es una schnauzer gigante (hay tres tallas) que, a pesar de sus 12 años y 35 kg, es capaz de subirse cada noche a la cama de Carol, su dueña.

Racismo canino. Hay quien piensa que los perros grandes, y especialmente los molosos, son mejores para guardia que para protección, atribuyéndoles un ca­rácter territorial y recomendando sólo el adiestramiento básico para asegurarnos su mejor manejo. Hablamos de razas como son el mastín, el gran danés, el dogo de Burdeos… Por otro lado, a los perros lupinos (pastor belga, pastor alemán…) les atribuyen un carácter más protector por su mayor apego y dependencia de la manada o familia, en este caso. Pero esta idea, de la que participan incluso algunos criadores y adiestradores de la Federation Cynologique Internatioale (FCI), no tiene mucho fundamento desde la etología, ya que son argumentos de un cierto ‘racismo canino’ que no debemos tomar más que como un esbozo del carácter de una raza, y con una advertencia: los libros de divul­gación de cualquier raza siempre hablan de ella como la mejor.

Cuidados básicos. Los perros XL necesi­tan que se vigile constantemente la salud de sus caderas y, por ejemplo, nunca de­ben salir a pasear con el estomago lleno. Además, un perro de estas dimensiones debe tener espacio suficiente en casa -aunque es muy probable que se pase casi todo el día durmiendo- y los dueños, tiempo para darle paseos en proporción a su cuerpo y para adiestrarlo de forma correcta, además de poder asumir, por supuesto, el gasto de su alimentación (en torno a un kilo de pienso al día).

Y es que estos perros destacan por su fuerza, ya que podrían llegar a arrastrar una bicicleta. Los boyeros, por ejemplo, solos, son capaces de arrastrarnos. De­jémosnos, pero con cabeza.

 

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