Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda: ‘En cuestión de derechos, las empresas son parte del problema pero también de la solución’

Posted on julio 13, 2016, 2:33 pm

Quien piense que el mundo hoy lo controlan los gobiernos debería abrir los ojos. Si se apunta hacia las instituciones financieras, entonces se va centrando el objetivo. Y si el foco se pone en las grandes empresas multinacionales, entonces se habrá acertado de lleno: el mundo en el que vivimos actualmente es un títere en manos de las transnacionales. ¿Alguna prueba? Según David C. Korten, profesor en Harvard, 500 empresas controlan el 70% del intercambio mundial de productos, las cinco mayores compañías sobre la Tierra manejan más del 40% del mercado y, a nivel financiero, 50 multinacionales poseen el 60% del capital internacional. Pero, en mitad de este panorama, parece que algo hace que estos gigantes y su lógica capitalista se tambaleen levemente: si las empresas dominan el mundo, alguna responsabilidad tendrán hacia ese mismo planeta en el que operan y hacia los habitantes de los que se lucran, ¿no? ¿Son las empresas responsables de las violaciones de Derechos Humanos que se producen en su esfera de influencia o de los efectos sobre el medio ambiente que tiene su acción? Y, si lo son, ¿no es el momento de exigirles cierta responsabilidad? Mary Robinson cree que sí. Abogada, ex Presidenta de Irlanda (1990-1997), ex Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (1997-2002), Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2006) y fundadora de la organización Realizing Rights: Iniciativa para una Globalización Ética. Ha llegado el momento, y el concepto: Responsabilidad Social Empresarial. O Responsabilidad Social Corporativa. O Responsabilidad Social, a secas.

Por Henar L. Senovilla.

Ilustración: Alejandra Blondi. Fotografía: Álex Río

 

Captura de pantalla 2016-07-13 a las 16.21.50Después de dedicar gran parte de su vida a la política, ¿por qué decide crear la organización Realizing Rights, cuyo lema es ‘Por una globalización más ética’?

Cuando terminé mis cinco años como Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos seguía comprometida con promover un mayor respeto hacia ellos en todo el mundo. Y decidí demostrar con argumentos que los Derechos Humanos son y tienen que ser prioridades en la rendición de cuentas de las empresas. Entre otras cuestiones, porque todos los gobiernos han ratificado la Declaración Universal de 1948 en sus legislaciones nacionales y las empresas privadas tienen que cumplir dichas legislaciones. Así que creé una pequeña organización para trabajar sobre estos dos ejes, globalización y ética, con el cometido concreto de analizar el papel de las empresas privadas en la realización de los Derechos Humanos. En Realizing Rights queremos participar de asociaciones y alianzas estratégicas con todos los actores de la sociedad civil para hacer frente a las grandes desigualdades del mundo a través de estrategias que se basen en principios de Derechos Humanos. Quería que Realizing Rights fuera un puente entre el liderazgo local, nacional y mundial y asegurarme de que se escucharan las voces de aquéllos que con demasiada frecuencia son excluidos en los debates sobre la globalización.

La realización de los Derechos Humanos, ¿depende entonces, a su juicio, de la empresa privada, además de hacerlo de los gobiernos?

Hoy por hoy, es indudable que la realización de los Derechos Humanos pasa por que el sector privado reconozca sus responsabilidades. En el siglo XXI, el poder no reside sólo en los políticos, en los gobiernos. El poder está también en Naciones Unidas, en el Banco Mundial, en la Organización Mundial del Comercio…y, por supuesto, en las empresas. Así que hay que lograr una mayor adhesión al imperio de la ley dentro y entre las naciones, a través de democracias más eficaces y a través de una mayor participación de todos los sectores, incluida la sociedad civil y las empresas, que deben cumplir con sus responsabilidades y rendir cuenta de las mismas.

Actualmente, la responsabilidad social corporativa de las empresas se ha impuesto como si fuera una moda. ¿Es ética o estética?  

Yo no hablaría de responsabilidad social corporativa sino de responsabilidad social, porque al añadir ‘corporativa’ parece que pasa por las Relaciones Públicas de las empresas y eso no son los Derechos Humanos. Es cierto que hay empresas que violan los Derechos, pero también es cierto que, en esta cuestión, las empresas forman parte tanto del problema como de la solución. Y los y las líderes empresariales están listos para asumir su papel adecuadamente. Algunas empresas punteras, de hecho, se han comprometido a utilizar un marco de Derechos Humanos para hacer más rentable su rendimiento corporativo.

Captura de pantalla 2016-07-13 a las 16.22.20Efectivamente, su tesis es que los Derechos Humanos son rentables para los negocios.

Lo creo. En primer lugar, porque el apoyo a los Derechos Humanos por parte de las compañías y empresas genera una buena imagen de marca, asegura el compromiso de los accionistas y reduce los riesgos legales. En segundo lugar, porque las empresas están comprendiendo que apoyar las iniciativas relacionadas con los Derechos en las comunidades en las que operan significa no sólo potenciar el desarrollo local y, por ende, global, sino también crear nuevas oportunidades. El apoyo a los Derechos, en definitiva, repercute en la propia organización generando una buena imagen de marca y reputación empresarial, fomentando la productividad, asegurando el compromiso de los accionistas, minimizando los recelos contra la instalación de las compañías y reduciendo los riesgos legales, entre otros beneficios. Para alcanzar credibilidad social, las compañías deben demostrar su apoyo en la integración de los Derechos Humanos en la vida diaria de las empresas.

Y, ¿qué están haciendo las instituciones internacionales, como Naciones Unidas, para fomentar la responsabilidad de las empresas?

Naciones Unidas ha creado el Pacto Mundial, una iniciativa internacional cuyo objetivo es conseguir un compromiso voluntario de las entidades en responsabilidad social, por medio de la implantación de diez principios basados en Derechos Humanos, laborales, medioambientales y de lucha contra la corrupción. El apoyo del ex Secretario General de Naciones Uni­das, Kofi Annan, en materia de empresa y Derechos Humanos es inequívoco. Ac­tualmente, el responsable de Derechos Humanos y empresas en Naciones Unidas es John Ruggie, que ha afirmado que los gobiernos tienen la obligación de defender a sus pueblos de cualquier posible viola­ción que las empresas quieren cometer, así como las empresas tienen la obliga­ción de respetar los Derechos Humanos. De 2002 a 2008 presidí una iniciativa que se llamaba De los directivos de las gran­des empresas en materia de Derechos Humanos y decidimos que había que ir más allá del Pacto Mundial, porque vimos que es necesario ayudar a las compañías, grandes, medianas y pequeñas, a encon­trar soluciones prácticas para integrar los Derechos Humanos en la misión y visión de sus organizaciones, aunque también creo que el mayor reto actual es definir qué es respetar los Derechos.

Captura de pantalla 2016-07-13 a las 16.22.34Su fundación se llama Realizing Rights: Iniciativa Ética Global. Vuelvo a la misma pregunta: en el mundo actual, ¿puede ser ética la globalización?

La globalización de hoy es de fuertes con­trastes. Hay más conexiones de merca­dos, personas e ideas que nunca antes pero, al mismo tiempo, hay más divisiones entre el Norte y el Sur, entre ricos y pobres, que en cualquier período anterior. En una época de prosperidad sin precedentes como era la que vivía la parte desarrolla­da del planeta antes de la crisis, 54 países eran más pobres que hace una década.

En 14 países, más niños mueren antes de cumplir cinco años. En 21 países, más per­sonas están pasando hambre. En 34 paí­ses, la esperanza de vida ha disminuido. Mientras que las conexiones son eviden­tes, parece que estamos más separados en la búsqueda de maneras de abordar los problemas globales de una manera coordinada, en la que se compartan car­gas y responsabilidades. Para ser ética, la globalización debe reconocer las respon­sabilidades compartidas a la hora de abor­dar los retos mundiales y tener claro que nuestra humanidad común no se detiene en las fronteras nacionales. Una globali­zación ética debe destacar que todas las personas son iguales en dignidad y tienen derecho a ciertas prestaciones, en lugar de ver al otro como objeto de beneficen­cia o caridad; abarcar la importancia del género y la necesidad de prestar atención a los diferentes impactos de las políticas económicas y sociales sobre las mujeres y los hombres; afirmar que un mundo co­nectado por la tecnología y el comercio también debe estar conectado por valores compartidos, normas de comportamiento y sistemas de rendición de cuentas comu­nes. La mundialización ética requiere de un mayor reconocimiento de la respon­sabilidad de la comunidad internacional para ayudar a las personas a las que han sido negados sus derechos. Esto exige, de manera inmediata e innegociable, que se apliquen los Derechos Humanos más allá de sus ámbitos políticos y jurídicos más tradicionales. ·

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