Luca Lancini: ‘Por una sociedad menos rica pero más feliz’

Posted on julio 19, 2016, 11:36 am

Defensor a ultranza de la arquitectura bioclimática ve en la desconexión en la que vivimos el peor enemigo del hombre y nos invita a actuar sin miedo desde una esperanza activa. 

POR JULIA HIGUERAS FOTOGRAFÍA FRAN DILEO

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Quedamos a media mañana en la cafetería del Milennium Plaza hotel de la Primera Avenida para tomar un café. El día antes había recibido en Naciones Unidas el premio WTA (Women Together Awards) a la sostenibilidad y se acostó tarde. Cuando entro en la sala lo veo sentado al fondo, en un rincón, vestido de gris claro, con ese toque único que solo he visto en los italianos y que identifico sin más. Le saludo de lejos con la mano y él se levanta. Ya había visto su foto en Internet, pero he de reconocer que no le hacía justicia. Es alto, guapo y de sonrisa franca. Después, ya metida en harina, fui descubriendo al arquitecto que intenta integrar sus valores a la arquitectura que proyecta y que defiende la sostenibilidad como máxima expresión del sentido común.

Como nuestra cita es en Nueva York, ciudad vanguardista por excelencia, y estamos al cabo de un ciclo histórico, me decido a grabar la entrevista con un ‘bolígrafo inteligente’ venciendo el miedo a quedar como una esnob. Lo pruebo y ¡funciona! Resistirse a los cambios es inherente al ser humano y está presente hasta en los detalles más pequeños como este. Vivimos una crisis de civilización que nos conduce a un cambio de paradigma. Abrir bien los ojos y adaptarse a los cambios que vienen serán nuestras mejores bazas si queremos afrontar un futuro aún por inventar. Y de esto hablamos largo y tendido mientras el bolígrafo escucha atento tumbado boca arriba: ‘No nos damos cuenta –me dice- de que la sostenibilidad es una gran oportunidad, que es la que marca las pautas para el desarrollo de toda actividad humana en el respeto del ambiente, de la economía y de la sociedad y que nos recuerda que somos parte de un entorno’.

LA ARQUITECTURA BIOCLIMÁTICA, EL FUTURO

EDIFICIO BIOCLIMÁTICO SOSTENIBLE FBAL creado por el arquitecto en Leganés (Madrid).

EDIFICIO BIOCLIMÁTICO SOSTENIBLE FBAL
creado por el arquitecto en Leganés (Madrid).

Luca Lancini (Brescia, Italia, 1971) acaba la carrera de arquitectura demasiado pronto. Una apuesta con su madre le empujó a terminar sus estudios antes de tiempo, a cambio de este esfuerzo mediaba un buen regalo. En realidad nunca hablaron de él, de si sería barato o caro, pero le sirvió como acicate para estudiar sin pausa. ‘ Estudiaba de lunes a lunes, como un loco. No salía, lo único que tenía en mi mente era estudiar, estudiar, estudiar. Normal que acabara la carrera antes de tiempo, imagínate si no. Pero al acabar me queda un vacío enorme, tengo la sensación de no haber aprendido nada, de que todo lo que me han enseñado tiene un valor relativo, me cuestiono para qué tanto esfuerzo y no sé qué hacer. Mis amigos me aconsejan que viaje, que me vaya a vivir fuera y yo estoy tan cansado que decido marcharme de vacaciones con mis padres a una casa que tenemos en un lago’.

No le pregunto por el regalo que le hace su madre, sin embargo me cuenta que el regalo que cambió su vida fue un libro de arquitectura bioclimática que le llevó una muy buena amiga de su progenitora y que no descansó hasta después de haberlo devorado. ‘Esta lectura veraniega me empujó a apuntarme a un máster en arquitectura bioclimática, luego vendría el postgrado en Comunicación Ambiental en Barcelona y otros mil más…’.

¿Hay vida después de la arquitectura?

(Se ríe). En mi vida hay un antes de conocer la arquitectura, que es relativamente corto, y un después. Soy arquitecto y tengo una formación que ha condicionado mi manera de entender el mundo, de verlo. Siempre busco integrar de forma sinérgica, desde el punto de vista formal, funcional y morfológico, unos valores a la arquitectura que proyecto, llenándola de contenido.

¿Ser más sostenibles es posible?

Por supuesto que sí, aquí y ahora. Serlo implica aceptar un cambio de creencias y valores. Como agentes transformadores de los recursos que nos rodean debemos modificar nuestro comportamiento y disminuir nuestro impacto ambiental negativo, cuidar el entorno natural y mejorar nuestra calidad de vida. Es un proceso de negociación entre los objetivos individuales y las necesidades del conjunto social y natural al que pertenecemos. Esta negociación es cada vez más necesaria si queremos encontrar un sentido renovado a nuestra forma de habitar el planeta. Ser sostenibles nos hará disfrutar de nuestra interdependencia con el entorno y nos capacitará para ser más felices. Estamos entendiendo, por fin, que formamos parte de una unidad, que el hombre y la Tierra interactúan y que estamos conectados.La desconexión es el origen de nuestras desgracias

En el fondo, una parte de la situación que estamos viviendo se debe a esa desconexión con los orígenes, a ese empeño por alejarnos de la naturaleza.

Sí, a esa relación insana que hemos establecido con el dinero. Como si todo se pudiera comprar y no es así. Vivir en las ciudades nos ha hecho olvidar nuestra esencia. No podemos vivir sin agua, sin sol… Los astronautas saben de esas dependencias con la Tierra, pero, claro, nadie es consciente de que existen hasta que no salimos de ella.

¿Qué podemos hacer para cambiar?

Nadie es feliz dentro de una familia desesperada. Todo lo que tenemos, si no lo compartimos, deja de tener valor y esto también está ligado a la arquitectura. A mis clientes siempre se lo digo: las cosas hechas con amor no cuesta hacerlas; por eso, si separas la basura no como un deber sino como un acto de amor a la naturaleza, no te va a costar hacerlo. Podemos recuperarnos si nos reconectamos con el entorno y si lo sentimos como parte de nuestra vida. En ese momento dejaremos de arruinarlo y lo cuidaremos. El problema de la sociedad en que vivimos es que todo lo llevamos al ámbito económico.


‘Todo lo que tenemos, si no lo compartimos, deja de tener valor. Las cosas hechas con amor, no cuesta hacerlas. Y esto también está ligado a la arquitectura’


Todos los aparatos electrónicos están programados para morir.

Sí, es la obsolescencia programada que empieza a aplicarse en los años 70 cuando las empresas descubren que programando la vida de los objetos aumentan las ventas y el consumo. Claro que nadie reparó en que la Tierra tiene unos recursos finitos y nosotros cada vez somos más. Se ha creado un sistema insostenible donde hemos dejado de ser individuos para convertirnos en consumidores.

Antes de que entrara en acción este sistema, las bombillas incandescentes duraban 2.500 horas. Demasiado tiempo, pensaron los dueños de estas empresas que, unidos, decidieron que una bombilla no debería durar más de 1.000 horas. Lo importante era vender bombillas, cuantas más, mejor. ‘Sí, en mi blog hablé de la ‘bombilla eterna’, que lleva 112 años encendida las 24 horas del día y que representa a la perfección la falta de autoprogramación. Estaba hecha para durar eternamente’.

Captura de pantalla 2016-07-19 a las 13.31.32Pero que un objeto dure ‘eternamente’ va en contra de las leyes del mercado.

Desde mi punto de vista, la compra es una diversión y si queremos mantener este juego adulto hay que cerrar el círculo. Si quiero comprar un objeto nuevo, antes de hacerlo, debo llevar el que ya no quiero a un lugar donde pueda ser reciclado y preparado para que mañana tenga otra forma. Si queremos mantener este sistema, reutilizar los objetos es el futuro. Eso y conectarnos. Desconectados estamos a disposición del mercado que elige por nosotros. Hemos sido adoctrinados en un sistema que nos ha transformado de individuos a consumidores. Somos máquinas de consumir. Consumimos todo lo que produce el mercado.

De máquinas de consumir a consumidores conscientes. Es el mercado el que crea las necesidades. Hace poco leí una noticia de un laboratorio que había sido multado con una cantidad astronómica de euros por crear una patología para luego poder vender el medicamento que la curaba, que, curiosamente, también lo habían inventado ellos.

Estamos a merced del mercado. Tremendo. Fíjate que esta situación, en parte, se la debemos a la burbuja inmobiliaria. En los 90, se creó en España la necesidad de tener casa propia y todos salimos a la calle a satisfacerla. ¿Cómo? Hipotecándonos hasta las cejas. Nos creíamos millonarios y cada vez éramos más pobres. ¿Y qué me dices de la arquitectura? Vivimos enchufados. En vez de utilizar la arquitectura bioclimática para mejorar los recursos hemos construido edificios que son nuevos consumidores de energía.

A mí gustaría construir más edificios con jardines colgados en medio de la ciudad. Las plantas absorben el ruido, limpian el aire, añaden color y son elementos vivos. Se pueden hacer muchas cosas en este sentido y son muy baratas. Veo miles de aparatos acondicionados a los que no se les saca su potencial medioambiental. El aire acondicionado saca mucha humedad del aire y esta agua resultante está destilada y es perfecta para regar las plantas. Para mantener este sistema económico infernal se propicia que no se valore la utilización de buenos materiales de construcción, que son sanos para nosotros, que evitan enfermedades. Tenemos que redireccionar la arquitectura, conseguir espacios para vivir una vida mejor.


‘Una parte de la situación que estamos viviendo se debe a la desconexión con los orígenes, a ese empeño por alejarnos de la naturaleza’


Solo a ojos del consumidor es como se entiende este mundo.

Y esta crisis. Tenemos que ser conscientes de que el peor amigo del ser humano es el miedo y ahora estamos viviendo una época de miedo inducido que está calando muy dentro en el tejido social. Solos no somos nada, sin embargo el poder real lo seguimos teniendo. ¿Cuál es el problema? La desconexión que existe entre nosotros porque nos separa. Imagínate a todos los españoles unidos, 40 millones de personas que deciden no pagar más impuestos, no aceptar más recortes, ¿qué harían? Tenemos que pensar, debemos dejar de ser consumidores o transformarnos en consumidores conscientes, reconectarnos, cambiar las cosas, darnos cuenta de que no estamos solos, de que hay mucha gente honrada fuera, que el ser humano puede ser otra cosa. Tenemos que pensar que el sistema se aprovecha de esa desconexión nuestra para campar a sus anchas y hacernos sufrir y que la solución la tenemos nosotros, que debemos proyectarnos desde un punto de vista positivo y actuar sin miedo desde una esperanza activa.

Para ser feliz hay que soñar.

Soñar es el salto cuántico. Si no sueñas no te elevas y si no te elevas no puedes saltar. Y los sueños hacen mejores a las personas. Soy feliz cuando me siento útil. Por eso me gustaría que esta entrevista sirviese, al menos, para cambiar el mensaje que la palabra sostenibilidad tiene para mucha gente y que es negativo. Sostenibilidad no es reducción. Sostenibilidad significa que nos merecemos una vida mejor, que después de tanto esfuerzo el resultado tiene que merecer la pena, que no debemos pasarnos la vida acumulando objetos porque lo único que podemos conseguir es que nos entierren con ellos. Debemos apostar no por ser la sociedad más rica sino la más feliz.•

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