La fotografía de la libertad

Posted on junio 20, 2016, 10:28 am

El fotógrafo francés Denis Rouvre nos enseña cómo se puede hacer de una pasión una vida. Reconocido internacionalmente, el estilo directo e intimista del autor se ha convertido en su seña de identidad aportando una nueva dimensión al mundo de los retratos.

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Acostumbrado a retratar a celebrities y personas de la talla de Bill Gates , el fotógrafo parisino Denis Rouvre confiesa su predilección por la gente anónima. Ésa que no sabe cuál es su mejor perfil y que nunca ha ensayado hasta el límite sus expresiones faciales, sino aquella que mira desnuda a una cámara haciendo visible sus partes más íntimas e internas. Ésa que no miente.

Reconocido a nivel internacional con premios como el World Press Photo, Rouvre tardó años en aprender a utilizar la palabra ‘artista’ porque siempre prefirió hablar de Fotografía, con mayúsculas. ‘Veo la fotografía como una herramienta de libertad que me permite tener diversas visiones del mundo distintas de todos los demás. Eso es lo ma- ‘transmitimos algo más que una imagen; un sentimiento, una emoción’ cuerpos desnudos disfrutando del libre albedrío. Serie ‘Edén’. ravilloso que tiene que, de un mismo hecho que en apariencia es igual para todos; cada uno tenemos nuestra propia forma de verlo, es una realidad descubierta sólo para mí’, asegura Rouvre con un brillo que sus ojos no pueden esconder. ‘Después de 25 años aún sigo viendo cosas, no en el momento en el que saco la foto pero sí después. Es increíble cómo una fotografía sacada hace años no te dijo nada en su momento pero te cuenta ahora infinidad de cosas para las que entonces, quizá, no estabas preparado’.

De carácter afable y hablador, Denis nos recibe en su estudio lleno de bártulos y trastos propios de un artista que pueblan cada esquina, cada rincón de la habitación. En ocasiones se detiene para beber agua porque la pasión con la que pronuncia su discurso, a veces, se le amontona en los labios.

Nos recibe después de varias horas de duro trabajo y al final de una jornada extenuante. Pero no importa, el tiempo no cuenta cuando se habla de fotografía. Y de esta forma nos sumergimos en una agradable conversación que se prolonga durante casi dos horas sin que, ni él ni yo, nos demos cuenta del avance del tiempo.

Nos llama la atención cómo Rouvre juega con las palabras cuando nos dice que ‘somos testigos del mundo’. ‘Veo las realidades de un período de tiempo muy determinado pero es increíble volver al mismo lugar y ver cómo el tiempo cambia y evoluciona las cosas. Por eso hay que aprovechar ese segundo en el que eres testigo, porque difícilmente volverá’, asegura.

‘Hago fotografía porque es mi pasión y me encanta vivir todo esto en primera persona pero sí es cierto que, después, con nuestra elección de las imágenes, transmitimos determinadas cosas. Transmitimos algo mucho más inmaterial que una imagen, algo que es como un sentimiento, una emoción y lo que a mí me gusta es transmitir todas esas situaciones, lugares, personas, etc que me han tocado el alma’ afirma el fotógrafo. ‘Cuando veo algo increíble, extraordinario o algo que me fascina es ahí cuando deseo compartirlo’.

Cuando hablamos de todos los premios que ha recibido, Rouvre trata de quitarles importancia. Dice que no hace fotos para que le reconozcan, ni para ser el centro de atención. ‘Es cierto que los reconocimientos abren ciertas puertas que antes estaban cerradas para mí. Eso es en lo que pienso, en que la fotografía se vuelve a convertir nuevamente en mi herramienta de libertad y me permite acceder a otras situaciones en las que me habría gustado participar pero que, hasta ahora, no habían sido posibles’, afirma el fotógrafo.

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‘Ahora no me planteo ningún objetivo concreto más que disfrutar con lo que hago y poder hacer esas cosas que antes no he podido. Mi mejor foto es la que aún está por hacer. Todo lo que he hecho hasta hoy y con lo que he sido muy feliz, queda atrás. En la vida hay etapas y cuando uno las supera viene otra nueva, no hay tiempo para descansar’ dice, ‘aunque sí que es cierto que, a veces, la pereza nos puede llegar a tocar. Es entonces cuando pienso en los premios y éstos se convierten en un empujón que me ayuda a seguir, a continuar’.

A pesar de su juventud, cuando echa la vista atrás se puede observar en él un halo de algo parecido a la nostalgia. ‘Necesito esos momentos de cara a cara, cuanta más gente fotografío más cuenta me doy de que es el tema por el que quiero seguir. Las caras y, por ende, las personas son una tema inagotable porque todos somos distintos. Cada uno tiene sus expresiones propias, su gestos, sus actitudes y con esto exteriorizamos todo lo que existe en nuestro interior, nuestros sentimientos, sensaciones e inquietudes’ afirma Rouvre con un brillo especial en sus ojos.

‘Veo a mis personajes como héroes modernos pero también como individuos únicos e indispensables para el avance del mundo. Lo que me interesa son esos pequeños átomos, cada uno más singular que el otro (en referencia a las personas) pero donde todos tienen su importancia. No intento conocer a esas personas antes, no quiero contaminar la imagen. Al final, lo que intento es desnudar al máximo mi fotografía quitando lo innecesario, todo lo que sobra. Trabajo en lo básico, en lo que se ve en ese mismo instante en las personas sin los artificios y edulcorantes de esta sociedad moderna donde todo va tan rápido’.

Denis Rouvre, ese fotógrafo que se define a sí mismo como ‘humanista’, ha participado en diversas campañas de apoyo y conservación del medio ambiente. Entre las más conocidas, la realizada para la Fundación Fishlove que pretende concienciar de la necesidad de proteger nuestros mares de las prácticas pesqueras abusivas. ‘El mundo del mañana se construye con la gente de hoy. Siempre he creído que mi misión en la vida es transmitir y educar a mis hijos en los valores que les harán crecer y desarrollarse como personas aunque, muchas veces, me sorprendo porque son ellos, precisamente, los que me enseñan a mí’, desvela Rouvre con una entrañable sonrisa en la cara, síntoma inevitable de cualquier padre al hablar de sus hijos.

Recuerda con tristeza su viaje a Japón tras el tsunami de 2011, ‘nunca hubiera podido imaginar un paisaje tan destrozado, llovía y las ‘Siempre pienso que mi mejor foto es la que aún está por hacer’ ruinas y los pedazos de lo que antes habían sido casas se amontonaban desordenadas en el suelo. Entonces me pregunté dónde estaría la gente que antes las habitaba y, en ese mimso instante, se convirtió en una misión para mí encontrar a aquellas personas (que ahora vivían en casas provisionales) y contar su versión’.

‘La mía no es una historia sobre la catástrofe del tsunami sino una historia sobre la pérdida, cuando lo perdemos todo: familia, amigos e incluso los recuerdos. Era increíble ver a todas aquellas personas (casi todas de avanzada edad), en sus caras se veía el fatalismo y una mezcla indescriptible de sentimientos que exteriorizaban con una sola expresión de su cara. El poder y la dignidad de aquellas personas para enfrentar el futuro cuando ya lo habían perdido todo me fascinó por completo’, recuerda el fotógrafo.

‘Afortunadamente volví seis meses después en un segundo viaje y me quedé maravillado al ver que la vida había vuelto a florecer’.

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En otro viaje, el que hacemos a la infancia de Denis Rouvre, cuando comenzó su pasión por la fotografía, el artista vuelve a sacar su cara más amable para contarnos cómo de peque- ño se dedicaba a hacerles fotos a sus amigos y a experimentar con los montajes de éstas. ‘El fotógrafo Henri Cartier- Bresson fue mi referente, por su culpa o gracias a él es como comenzó todo. Me pasaba horas viendo sus trabajos y también los del americano Richard Avedon. No dejan nada al azar y en sus trabajos hay mucho talento, gracias a ellos me he permitido llegar a cierto nivel de exigencia en mi trabajo. Lo bueno es que sus obras, a pesar del tiempo, siguen estando vigentes. Hay que fijarse siempre en los grandes, en aquellos que siguen viviendo en la Historia’. ‘hay que fijarse siempre en los grandes, en aquellos que siguen viviendo en la historia’

Denis Rouvre sigue manteniendo la misma pasión por la fotografía que cuando era un chaval. Para él es ‘saber mirar las cosas de otra forma distinta, salir de los caminos establecidos y ver la realidad de otro modo. Cambiar de perspectiva, reflexionar y ponerlo todo en tela de juicio. Lo más importante siempre es la forma de mirar’, afirma.

Para Rouvre la fotografía aporta ‘un grado de legimitad que te permite poder estar interesado en casi todos los temas’. Esto se ve en un amplia obra donde las temáticas son variadas y recorren diversos países y culturas.

En el archipiélago francés de Nueva Caledonia perteneciente a la región de Melanesia en Oceanía, Rouvre se adentra en la profundidad de sus tribus para ofrecer una visión al mundo de cómo estas personas siguen subsistiendo de la forma más tradicional sin que el paso del tiempo les haya afectado casi. En su viaje a Senegal Rouvre nos muestra otra increíble historia, la de los rostros fuertes, tensos y siempre desafiantes de los luchadores de Dakar. Una tradición en la lucha llamada lamb que los chavales senegaleses comienzan desde bien jóvenes.

Otro de sus mejores trabajos responde al nombre de Low Tide -marea baja en inglés-, que retrata de forma excepcional la cara más inhóspita de la América profunda. Un viaje a las raíces del Nuevo Continente que en nada recuerda a las imágenes que vemos en el cine sobre Estados Unidos, sus grandes ciudades y calles industrializadas.

En Edén Rouvre pretende volver, esta vez, a las raíces y la profundidad del ser humano. Un viaje al Edén, cuando el ser humano se dejaba guiar por sus pasiones, donde no había reglas y el hombre podía ser hombre sin todos los condicionantes de la sociedad. El placer por el placer.

Después de casi dos horas y el cansancio evidente, Rouvre se despide con una sonrisa en los labios agradeciendo que nos hayamos fijado en su trabajo mientras yo pienso: Lo imposible sería no hacerlo.

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